El Keaknal des Yamanaki

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El Keaknal des Yamanaki

Notapor Axel » Lun Jul 04, 2005 9:36 pm

Weno, este es el prefacio de una historia q empece hace mucho tiempo xo q nu se si gusta y...(bla bla bla....) weno, el caso, q me gustaria q lo leyerais y vierais si os gusta, o lo criticarais o aportarais ideas... weno, espero q responda alguien :roll:

Siguiendo la pauta que yares (*Espacio de tiempo correspondiente a la sucesión de 13 lunas nuevas) atrás comenzara. El día que Askâna, la luna rota, brillaba con su mayor esplendor, una chiquilla regresó al lugar donde tiempo atrás fuera encontrada.
El templo era devorado por la agreste selva que lo rodeaba; las raíces, aferradas al muro, llegando hasta el pórtico. El enclave mostraba aún aquella solemnidad grabada en la piedra, que años atrás hiciera que la selva misma no se atreviera a avecinarse sobre sus imponentes formas. Las inmóviles filigranas parecían deslizarse, reptando al compás de las serpientes que se enroscaban por las columnas y descendían por la ya desgastada escalera.
La chiquilla, vestida únicamente con una capa negra que simplemente llevaba como adorno aquel extraño símbolo , ribeteado en oro, que ella llevara bajo el pecho izquierdo, recitaba aquellas plegarias que desde su más tierna infancia llevara recitando. Con sus manos alzadas, su pelo posado sobre el manto, su desnudez decorada con alhajas de oro. No parecían molestarle las pesadas cadenas de oro que colgaran sobre su espalda manteniendo la pieza de tela sobre ella. El silbido de las serpientes sumado al de sus oraciones producía un efecto sedante. La puerta comenzó a abrirse, emanando un vapor blanco y dulzón que, unido al aroma que exhalaban las flores colgadas sobre sus cabezas, acariciaba la broncínea piel de la chiquilla dejando como marca el penetrante olor. La chiquilla llegó ante la escalera, y caminando pesadamente entre la tierra y las serpientes comenzó a subirlas, las cadenas de la túnica y los brazaletes tintineaban monótonamente a su paso. Antes de ser devorada por la humeante puerta; la niña que regresaría siendo una mujer, echó una mirada atrás en el ultimo momento, el cántico se rompió durante un instante; y mientras la luz de Askâna refulgía sobre su tiara y pendientes arrancándoles un brillo dorado, pudo vislumbrar, en un corto pestañeo, a la persona que 14 yares atrás la rescatara de ese mismo lugar envuelta el unos harapos y llorando de hambre. La visión de su padre; Dôk-Hämmä, el Rey Dorado, fue la ultima que tubo antes de internarse entre las humeantes tinieblas del sangriento templo.
Por un momento se encontró aterrada, sola sin la hipnótica musicalidad de su himno, enjugó las lagrimas que la visión de su padre habían producido, la próxima vez que le viera seria otra persona diferente, seria ya una mujer.
A su paso las frías luces comenzaron a encenderse con sus gélidos brillos, no emitían calor como los fuegos que preparaban en el campamento, simplemente se encendían a su paso y se apagaban tras ella por el amplio pasaje. Llegó a la sala que más le gustaba, aquella voz que todos los años la hablara con calidez, aún no se había revelado. Tocó los lomos de los libros que permanecían apilados en las amplias estanterías, les acariciaba monótonamente, sin pensar, simplemente mostrando el terrible pesar que le producía esa sala, la sala en la que todo estaba si se sabía mirar, pero ella que tanto sabia, no sabia como hacerlo. Se sentía impotente ante tanto conocimiento oculto, sabia que en ella estaba la capacidad de descifrar el código en el que estaban escritos, aquellos códigos perdidos en las grandes devastaciones.
En su pesar tomó uno de los libros arcanos, las lagrimas corrían por sus mejillas mientras veía dibujos y símbolos que no conocía. Eran mapas, o eso creía, pero no sabia de donde. Vio imágenes que insólitamente sabia eran anteriores al holocausto, en las que Askâna estaba completa, como una gran esfera blanca y no la doliente forma desmembrada que llora sobre el mundo. Pasó las yemas de sus dedos por los bordes quemados, por las paginas rotas y dobladas. Impotente le dejo otra vez en su sitio y continuó caminando, cada vez más cerca de los libros que ya conocía y que estaba harta de leer. Pasando la mano por las innumerables filas de libros encontró uno diferente, tenia una pequeña hendidura. Su curiosidad se desató, extrajo el objeto de su lugar y haciendo fuerza sobre la muesca logro abrirle. De repente comenzó a emitir sonidos guturales, parecía música, En la pantalla un ser sonreía y se movía con un extraño sombrero con forma de pico, más seres pequeños cantaban y corrían discordantemente a su alrededor mientras otros más mayores llevaban un objeto con pequeñas varillas de fuego que fueron apagadas por el agasajado, acompañado de los encomios de todos los que le rodeaban. Todas las personas llevaban aquellos extraños gorros y gritaban aquella canción. Uno de los mayores empuñando un cuchillo partió el objeto y se le dio a los chiquillos mientras seguían entonando la gutural canción. De pronto no se vio nada más que trozos grises y las imágenes dejaron de aparecer llevándose con ellas los chirriantes sonidos.
La chiquilla tocó el objeto, apretando las muescas hechas bajo la pantalla, y de nuevo volvió a emitir aquellos siniestros sonidos, una gran ciudad, como las que ha visto entre sus libros y en otras imágenes. De repente una gran explosión, el objeto emite un chirriante murmullo que se clava en los oídos de la chica produciendo un gran dolor, en medio del ruido una gran columna de humo, el objetivo cae al suelo mientras se ven unos pies con pezuña que pasan ante la pantalla, una ola de polvo arrasa todo lo que se encuentra a su paso. De pronto la ola llega hasta la pantalla, todo queda negro y los sonidos desaparecen.
La chiquilla cae al suelo colapsada, el objeto cae estrepitosamente de sus manos, la pantalla se rompe derramando un liquido gris que en contacto con el suelo comienza a borbotear. Le cuesta un momento reponerse mientras se da cuenta de que esa era la caída de una gran ciudad, quizás el comienzo del holocausto que les ha llevado hasta esa situación.
Aún temblando, conteniendo un grito de pavor, consigue llegar hasta sus amados libros, los que ella entiende y para ella no tienen ningún misterio.
Corriendo fue hacia la estantería y selecciono aquel libro que tanto amaba, “La historia de la era Känzä”. Este hablaba de cómo en una era posterior a un gran holocausto en el llamado Dôr los seres que han sobrevivido regresan a sus comienzos, tras eso llegan de otra tierra los llamados Yämânäkî los cuales les tratan como esclavos hasta que por alguna extraña razón huyen a algún remoto lugar.
La chiquilla sintió la rugosa textura del cuero con el que estaba forrado aquel libro, al acariciarlo se tranquilizó, pausadamente se acercó al centro de la sala; donde, rodeando un pequeño estanque, permanecían unos grandes sillares de piedra sobre los que solía sentarse a leer tranquilamente.
Sentada en un banco de piedra la chiquilla entró en trance, la superficie del lago comenzó a brillar, revelando una apabullante secuencia de imágenes que pasban ante sus ojos a un ritmo vertiginoso; sus ojos se oscurecieron para brillar como el fuego, entre las volutas de humo creyó distinguir a un niño atacado por un enorme oso blanco, también vio como una chiquilla de ojos como dulces almendras y una boquita de piñón le recogía y hacia que se abrazara sobre sus turgentes pechos. Como durante días le alimenta y da de beber, y como cuando este despierta la besa con pasión y se echan juntos a medida que el chiquillo recobra las fuerzas, en algún momento creyó escuchar como el chico le prometía llevarla a su pueblo y allí casarse. Cuando partieron vio la cara del chaval rodeada por las pardas pieles, la cara del chico era idéntica a la de su amado Alëxëî, pero no poseía el mismo ímpetu, en los ojos de aquel chiquillo no brillaba el gélido fuego de su amado, sino el calor de aquel nacido en los verdes prados del Dôr , atado al ardiente abrazo de sus mundanos impulsos. Este chiquillo no era su gran héroe de las leyendas de la llamada era Känzä. Con los ojos aún devorados por las llamas la chiquilla acercó sus finos dedos a un milímetro de la superficie del agua, justo a un paso de emborronar las imágenes que se sucedían sin ningún sentido cuando la secuencia comenzó a pausarse...

Weno, pos lo dixo, q a vr si a alguien se le ocurre responder y eso.
Axel
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