Partida: La peste de Kitampri

seccion de rol, aquí se pueden realizar partidas de rol entre los internautas.

Moderadores: takelu, Alier-mim, Umli

Partida: La peste de Kitampri

Notapor Umli » Lun Dic 24, 2007 5:29 pm

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Mapa completo

Personajes en juego:
:arrow: Altanïr (Cirhian)
:arrow: Lusio Franiko (elric)
:arrow: Eiszelt (Eissel_13)
:arrow: Seregil (Miguel)
:arrow: Karlat (Biyo y Dolma)
:arrow: Eirther-go-Teuf (Galimeo)
Última edición por Umli el Dom Dic 30, 2007 10:31 pm, editado 1 vez en total
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Umli
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Notapor Umli » Lun Dic 24, 2007 5:41 pm

Kitampri. Ritión.

Cuando llegáis a la ciudad, la visión es desoladora. Las calles están desiertas. Los edificios ennegrecidos e incluso algunos, derruidos. El silencio es atronador. El viento apenas susurra para llevar el polvo de un lado a otro. Vuestros pasos por la avenida principal resuenan como si os encontrarais en una habitación de paredes de piedra. El cielo, grisáceo, amenaza lluvia pero no acaba de descargar.

Según avanzáis hacia el centro, podéis ver como casi todas las casas que permanecen en pie tienen todas las ventanas tapiadas. Algunas puerta muestran restos de telas, seguramente blancas semanas atrás, atadas a los pomos. Allí no parece haber un alma.

No sabéis muy bien porqué, pero os sentís intranquilos. Algo allí no marchaba bien.

En la plaza principal, levantada en el centro como si el mástil d euna bandera se tratase, una gran vida de madera carcomida se levantaba hacia los cielos, aunque distaba mucho de llegar siquiera a rozarlo. En sus cuatro lados cuatro papiros quemados y ennegrecidos, como la base de la viga, colgaban de cuatro clavos corriodos y oxidados. Afortunadamente, uno es aún legible:



CIUDAD DE KITAMPRI. RITIÓN.

QUERIDOS CIUDADANOS:

LA SITUACION ACTUAL ES INSOSTENIBLE Y NOS HA LLEVADO A ESTO. AQUELLO QUE NOS ESTÁ ATACANDO ES ALGO COMPLETAMENTE DESCONOCIDO PARA NOSOTROS Y NUESTROS SABIOS. HEMOS SOLICITADO AYUDA PERO, HASTA EL MOMENTO, NADIE NOS HA RESPONDIDO. ES POR ESO QUE SE DECRETA LO SIGUIENTE:

TODOS AQUELLOS QUE AÚN NO HAYAN PRESENTADO NINGÚN SÍNTOMA DEBERÁN ABANDONAR LA CIUDAD HACIA OTROS DESTINOS Y PERMANECERÁN ALLÍ, LEJOS DE SUS HOGARES, HASTA QUE ESTO SE RESUELVA FAVORABLEMENTE.

AQUELLOS QUE HAYAN PRESENTADO ALGUNO DE LOS SÍNTOMAS, DEBERÁN PERMANECER EN SUS CASAS, EN AISLAMIENTO COMPLETO. TODOS REZAREMOS POR SU SUPERVIVENCIA PARA CUANDO ENCONTREMOS LA SOLUCIÓN.

AQUELLOS QUE ESTÉN SANOS Y QUIERAN COLABORAR, SOLICITEN AYUDA A LAS CIUDADES Y PUEBLOS QUE LES ACOJAN, A SUS TEMPLOS Y CLÉRIGOS Y A TODO AQUEL QUE PUEDA CONOCER ALGÚN DATO SOBRE ESTA EPIDEMIA. SERVIDLES DE GUÍA Y, DE RESOLVERSE ESTA SITUACIÓN FAVORABLEMENTE, SERÁN RECOMPENSADOS CUANDO TODO VUELVA A SU SER.

SÓLO NOS QUEDA ESPERAR QUE LOS DIOSES VELEN POR NOSOTROS.
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Notapor elric » Mar Dic 25, 2007 12:30 pm

Me llamo Lusio, soy mercenario ainari. Me entere de los sucesos de Kitampri cuando me hallaba en Malirie tras acabar una mision.
Tome un barco que me ha traido tras una semana de navegacion.
El Capitan del carguero no ha querido acercarse al puerto y me ha dejado en una pequeña chalupa frente a la Costa.
Todo parece desierto. Llevo un grueso manto con capucha y un pañuelo sobre la nariz y la boca. Tambien llevo unos guantes recios. Me adentro en la ciudad. Tratare de encontrar algun superviviente qeu me informe de lo sucedido. Que los Dioses me ayuden
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Notapor Cirhian » Mar Dic 25, 2007 3:12 pm

Altanïr llegó conduciendo por las bridas a su inquieto caballo en las afueras de la ciudad en cuarentena acompañado de su escolta, con cada mínima parte de su cuerpo cubierta de tela a pesar del intenso calor. Sudaban copiosamente, pero era un precio a pagar para evitar riesgos. Hicieron bien al consultar a herbolarios antes de marcharse de Âttim.

Según los pergaminos colgados en el centro de la ciudad, al parecer esos habitualmente supersticiosos y exagerados ritiones no mentían, al menos de momento.

-¿Qué puede haber pasado? -preguntó Aishenar, el más joven del grupo. Acababa de salir de la Instrucción Básica del Clan, y obviamente no había visto mucho mundo.

Los caballos también tenían cubierta la cabeza con una tela hecha a medida con las insignias del Clan. A pesar de la resisténcia que opusieron a ponerselas, se habían calmado hasta entrar en la ciudad. Piafaban inquietos y movían los ojos de un lado a otro a la vez que bajaban y subían las orejas.

Exacto. ¿Que podría ber pasado en la ciudad costera? ¿Pescado contaminado? ¿Extranjeros enfermos? ¿Cadáveres putrefactos sin incinerar?

Manjeda, el especialista en cuerpo a cuerpo, se encogió de hombros. A pesar de ser el más experto(aunque no por ello el mayor), al provenir de una rama de menos prestigio que las de sus otros compañeros se le había designado en el nivel bajo.

Auseern, que normalmente hablaba más bien poco, opinaba que no harían nada si se quedaban plantados.
-Hay que buscar supervivientes. Deben quedar algunos, los rumores de la epidemia no son tan poco recientes.

Los cuatro parientes asintieron y se dispersaron, cada uno por su lado.
En teoría, no debería haber habido ningún problema de comunicación entre ellos. Es lo que tenía pertenecer a un Clan famoso por sus poderes mentales.
Eso en teoría, por supuesto, pues aunque inquietos, su preocupación y su curiosidad por la epidemia les impedía ver que había algo conocido tras el suceso...
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Notapor Dolmatus » Mar Dic 25, 2007 3:47 pm

Kitampri, segun los consejos de todos los caminantes con los que se habia topado , mas le valía no acercarse a esa ciudad. Habia hecho todo el camino a pie (y en carromatos las menos de las veces, teniendo que pagar por viajar en un misero tablon con dos ruedas que olía a dios sabe que). El ultimo de los viajeros que se habia encontrado fue hace dos dias , antes de llegar a la ciudad. Para colmo, no se habia encontrado ningun animal vivo del que poder alimentarse ni ningun riachuelo ni nada por el estilo que tuviese un aspecto sano.

- Vaya ... está claro que nadie me va a dar la bienvenida... - Comentó tras examinar los carteles a la luz de un manojo de ramas que habia podido reunir y encender. En el ambiente flotaba el caracteristico aroma de los cadaveres en descomposicion mezclado con el de una ciudad en ruinas... y junto a estos aromas otro que no supo describir ni identificar, aunque todo apuntaba que no era nada bueno. Desde hacia semanas llevaba sintiendo algo en su cabeza. No le hubiera dado mas importancia al asunto si no fuese que , "eso" parecia indicarle donde encontrar alimento, agua, y le estimulaba positiva o negativamente segun la situacion.

Ahora el estimulo era negativo ... MUY negativo.

Por la pura costumbre, escupió a un lado y sacudió la cabeza. "Aqui hay algo que me huele mal ... y no son los cadaveres".

Tras merodear un rato por la ciudad, a la luz de la improvisada antorcha, al fin se decidió a buscar algun sitio donde pernoctar. Durante un rato estuvo buscando una casa en la que no tuviese que soportar la silenciosa compañia de algun "habitante" sin exito. Acababa de abandonar la ultima casa cuando en sus vias olfativas se coló un olor diferente al que ya estaba acostumbrado: Un vivo.

Sin esperar mas señales, salió a la busqueda de la fuente de ese olor como un perro perdiguero, portando su antorcha. "Tal vez pueda darme las respuestas que necesito..."
"Os digo que no he muerto , ! todavia no me han enterrado!"
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Notapor elric » Vie Dic 28, 2007 11:12 am

Lusio continuó andando entre las calles desiertas; de pronto le pareció oir algo. No podía ser. Eran los cascos de un caballo. ¿Un caballo allí?.
Se escondio tras una pila de leños y aguardó. Allí llegaba una montura tapada con una tela su cabeza, con lo que parecia ser una insignia grabada.
El jinete tambien venia embozado, apenas veía sus ojos. Pero era la única persona viva a la que había encontrado hasta entonces. Tenia que hacer algo.
Se incorporó tras su improvisado escondite y llamó la atención del jinete con un silbido. Con su arco colgado a la espalda y sus brazos perpendiculares al cuerpo con las manos abiertas y extendidas hacia arriba esperó causar la impresión de ser una persona de paz.
Descubrió su cabeza calva echando para atrás la capucha del manto y se dirigió caminando hacia caballo y jinete. Despacio, muy despacio. Que no percibiera en el ninguna amenaza.
Avanzó intentando descubrir cual sería la reacción del desconocido, pero cualquier cosa era posible........
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Notapor Galimeo » Sab Dic 29, 2007 11:58 pm

Llegó y no quiso creerse lo que vio. Entró en alguna casa, y como mucho vio cadáveres. Un soldado de su escolta dijo con toda la frialdad que pudo simular:
-Esto es muy raro. Puede ser una epidemia, pero ¿quien dice que detrás de esto no hay magia?
¡Magia! Bah, esto solo podía ser envenenamiento o epidemia. Sin duda, los supervivientes no mintieron, pero exageraron. No podía ser magia. No. La magia no existe. ¿O sí?
Esos pensamientos le asustaron. Balanceó la cabeza de un lado a otro, olvidandose, de toda posibilidad, y se dispuso a examinar al cadáver que tenía delante.
Pero algo oyó. Un sonido lejano. El abrir y cerrar de varias puertas. Un caballo. No podia ser. Pero era así.
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Notapor Cirhian » Dom Dic 30, 2007 8:54 pm

Altanïr caminaba silencioso junto a su inquieto caballo. El calor abrasaba a ambos, aunque más al humano, por estar cubierto de tela de pies a cabeza, además de llevar la armadura completa de cuero y metal y las armas, que lo suyo pesaban. Más había nacido en un país aun más caluroso, por lo que le era fácil de soportar, además que había heredado de su padre una extraña concepción de la temperatura, con lo que esta no le molestaba. La sentía, pero no le molestaba.

Giraba la cabeza a ambos lados de la calle. En cada esquina le parecía ver el destello del acero, oïr el crujido de una cuerda de arco en tensión, la respiración de un atacante.
Tenía los nervios a flor de piel. Le habían instruido durante años para ello, para que se mantuviera en alerta.

Cuándo apenas había recorrido doscientos pasos, las conciéncias de sus compañeros le informaron de sus avances:

No hay nada. No hay cadáveres en las calles, solo en las casas, pero no tienen pinta de haber muerto de enfermedad -informó el práctico Auseern.

Lo suelos estan manchados de sangre. Está seca, hace mucho que se derramó -Manjeda solo se fijaba en la sangre.

Los muertos de esta parte se están descomponiendo yá. Echan una peste horrible. ¡Puaj! Creo... que voy a vomitar...

Altanïr puso los ojos en blanco cuándo la conciéncia de Aishenar se retiró momentaneammente. Debería empezar a endurecerse, si quería ascemder en el Clan.

Un ligero ruido de pasos seguido de un silbido le sorprendieron. Era la desventaja de las conexiones mentales. Dividían la atención del individuo.

La espada corta de dos filos de Altanïr salió de su funda como un relámpago, y cogiéndola con ambas manos apuntó con la punta al desconocido.
Sus azules ojos se estrecharon en dos rendijas. La cicatriz en su cara se habría marcado más aun si esta estuviera visible.
El hombre avanzaba hacia él con lentitud, con los brazos puestos en la universal seña de que sus intenciones eran pacíficas.
De estatura media y al parecer con escaso cabello, parecía un tipo de lo más común en el norte de Ritión. Más no allí. Su piel era demasiado clara en comparación a un habitante de Kitampri. Provablemente sería del norte, aunque estaba bastante bronceado. Llevaría un tiempo de viaje.

El hombre seguía acercándose, sonriendo aunque al ver el destello del acero parecía haber forzado aun más la sonrisa. Eso le demostraba que estaba habituado a las armas.
Con un suspiro, Altanïr envainó su arma. El desconocido pareció relajarse del todo. Se acercaron el uno al otro hasta estar a una distancia de unos siete pasos.

Altanïr se descubrió el rosotro y extendió su mano hacia el otro hombre según la costumbre del Norte. Sabía por experiéncia que a cualquier persona le agradaba ver que se conocían las costumbres de su país.

-Siento haberos amenazado, noble señor -dijo en un correcto y fluído Ritión, acompañando las palabras con una blanca y brillanta sonrisa que destellaba en comparación con su algo bronceada piel .
"Entended que me habeis sorprendido en esta desierta ciudad. ¡Oh, que descortesía por mi parte! Mi nombre es Altanïr Ikákos na-Bazu. Me parece que no sois de estas tierras, señor... ¿Puedo preguntaros vuestro nombre?"

Altanïr creía que lo tenía en el saco. Sus modales impecables, su respeto y el tono amable de su voz cautivavan a las personas. Era guapo, aunque no hermoso, pero sus azules y profundos ojos transmitían simpatía, sinceridad, respeto...

Ese era el motivo por el que medraba en el Clan. Aishenar tenía una magnífica puntería. Manjeda era fuerte, hábil, ágil y rápido. Auseern era silenciosísimo y además demostraba un poder mental ofensivo apabullante.
Y Altanïr era el Diplomático, el Encantador, el Manipulador. El Espía. Y además no tenía que fingir buenas intenciones. Era así.

El hombre desconocido alargaba la mano e iba a abrir la boca cuándo un ruido de suspiros, pasos pesados y chirriar de hierros mal engrasados les hizo volverse a los dos.
Un grupo de hombres fornidos se acercaban haciendo bastante ruido por la esquina de la calle, con alguna que otra risotada o maldición proferida de vez en cuándo.
Eran de tez morena, de cabello oscuro y sus voces roncas hablaban en una lengua inconfundible: Pashkriri. Altanïr casi se alegraba de oirles cuándo detectó un ligero acento característico de una región de la que había oído hablar de cuándo en cuando. Altanïr observó mejor con el ceño fruncido levemente su indumentária, sus armas, y por supuesto (y lo más visible) un emblema bien grande que portaba uno de ellos.

La Escoria de Pashkri. Así les llamaban en el Clan. Los Timadores; así llamaban ellos al Clan.

Estrechó los ojos con desprecio hasta formar rendijas.

"Teuf", resonó en su mente y la de sus compañeros.

-Teuf -salió de su boca, acompañado de un sonoro escupitajo.
Última edición por Cirhian el Mié Ene 02, 2008 1:00 pm, editado 2 veces en total
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Notapor Kyon » Lun Dic 31, 2007 6:39 am

-¿Quien me mandaba a mi venir aquí? -dije en voz alta, aunque sabía que nadie me oiría.- hay que ser rematadamente tonto para venir a un sitio así por voluntad propia. Si la gente se va, es por algo, a ver si te aplicas el cuento, jodido retrasado mental, que eso es lo que eres, un retrasado mental.

Estaba delante del poste y acababa de leer el panfleto o lo fuera esa cosa que apenas se leía. Sin lugar a dudas era el paraíso del ladrón, pero ni todo el oro del mundo podría compensar morirse de vete tu a saber que.

Me puse a la sombra, lo que fue la primera bueno cosa que hacía en días y me puse a lamentarme y a pensar que hacer ahora a partes iguales.

Finalmente, como la cabra, que tira al monte, yo me puse a lo que mejor sabía hacer.

Me saqué el saco de los domingos y mi puse a hacer la ronda. Con tranquilidad y con ojo crítico paseé por las calles y, entrando solo en las casas mas grandes, fui sacando un buen provecho a la epidemia. Ya lo dicen, al mal tiempo, buena cara. Pues eso es lo que yo hacia, que toda esa gente muriera era un pena, pero también lo es desperdiciar toda esa fortuna.

Vi que no era el primero que hacía el paseillo, pero los anteriores mangantes eran unos pobres aficionados. El mejor de ellos solo consiguió llevarse las pendientes de la difunta y las cuatro perras que tuviera el difunto en el bolsillo.

No cabía duda, el sector estaba en crisis, ya apenas quedaban expertos y cada vez había mas muertos de hambre sin conocimiento alguno del arte.

Moví la cabeza, lamentándome, tanta incompetencia me ponía malo.

Verdaderamente, la recompensa era merecedora del saco de los domingos, los otros se me hubieran quedado pequeños.

Aun así, no estaba a gusto. Estaba deseoso de acabar el trabajo de una vez y poner pies en polvorosa. Era un lugar ciertamente tétrico, tenía la sensación de que ya era normal tener la piel de gallina; llevaba tanto tiempo con ella así...
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Notapor Galimeo » Mié Ene 02, 2008 4:50 pm

Vaya, vaya. Con que persiguiendo una plaga y encontrandome con otra mayor.

Bazu. ¡Ja ja ja!. Esa escoria iba a morir dentro de poco.

-¡¡¡Muerte a los Bazu!!!-gritaron mis camaradas.

-¡¡¡Muerteee!!!

Se dispuso a atacar cuando vio al otro personaje, de piel blanquecina, y penso de que bando estaría. Tal vez sabía las aceleraciones. Los repugnantes Bazu habían llegado antes. Lo más probable era que fuera con ellos. Tenía que hacer algo.

-No se si eres Ritión del norte o Ainari, pero si te alías con ellos únicamente por como te tratan, por que te dicen lo que quieres escuchar, o por que te caen bien, estás siendo manipulado. No digo que te vengas con nosotros, pero si estás con ellos te mataremos.

-¡¡¡Muerteee!!!

-Dime, entonces, si estás de su parte, de la nuestra o eres neutral. Contesta o te mataremos. ¿De que bando eres?
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Notapor elric » Mié Ene 02, 2008 9:01 pm

"No estoy con nadie, aun" dijo Lusio. Se habia separado unos metros del primer jinete, el que le habia ofrecido la mano en señal de saludo.

"Soy Rition y me llamo Lusio. He venido por lo de la peste en la ciudad. ¿Puedo saber los motivos de vuestra presencia aqui antes de que empecemos a matarnos entre todos?"

Sonreia mientras hablaba, pero el arco corto ya estaba entre sus manos y una flecha tensaba la cuerda. de momento apuntaba al suelo en guardia baja. pero solo de momento. hasta que alguien llevara a cabo un gesto amenazador.
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Notapor Dolmatus » Mié Ene 02, 2008 9:30 pm

Tras un buen rato caminando , siguiendo el rastro de el olor a vivo, se detuvo tras una esquina. Estaba claro que el olor era demasiado fuerte para una sola persona, era como una pequeña reunion de gente en medio de la calle.

- Creo que les evitaré ... no me gustaria que me tomaran por un apestado ...-
Al instante la sensacion de que no deberia hacer eso se acrecentó, casi dejandolo ciego por el torrente de energia que le atravesó el cuerpo.
- Vale, vale, tu ganas ... cabrón - Murmuró para si.

Si mediar palabra , alzó los brazos y , enaborlando la antorcha en alto, dobló la esquina y vio un espectaculo mas bien dantesco. Un grupo de personas que por la pinta no eran compañeros de bebercio que estaban a punto de sumarse al grupo de cadaveres que habia en la ciudad, no entendia de nacionalidades, pero junto a estas personas habia un tipo corriente de tez palida (ainari?... habia visto unos cuantos y sabia que su color de piel era mas bien palido, pero a la luz de las lunas solo veia que su piel era mas clara que el resto.) ...

... "mejor me espero a ver como va la cosa". Volvió atrás y se refugió en la casa mas cercana, esperando a que su nuevo "sentido" le indicase cuando era seguro salir...

"Una ciudad desierta llena de aventureros... lo que me faltaba" Se sentó sobre una mesa desvencijada, saco un poco de hierba de fumar y empezó a su tarea de liar un diminuto cigarrillo que le calmase los nervios.

solo esperaba que las cosas se hubiesen calmado antes de que se terminase el cigarro... porque lo necesitaba de verdad ante tanta tension ambiental.
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Notapor Eissel_13 » Mié Ene 02, 2008 11:05 pm

Eiszelt llegó a Kitampri con un pequeño barco de cargas robado en el mismo puerto de Narak hacía ya casi 3 días. La verdad es que el viento no acompañaba; soplaba de nor-oeste, así que la velocidad era mínima.

Junto a él viajaban Gâruthang, un joven pashkirri; y Lothork, un ex-mercenario malabashar, los tres eran Saetas Negras. Su objetivo en Kitampri era "presionar" al alcalde para que hiciese ciertas "inversiones".

Pero al llegar al puerto descubrieron decenas de barcos a la deriva, emitiendo un fuerte olor a cadáver.
-Eso pasa cuando uno deja el pescado muchos días al sol- Admitió el siempre irónico Lothork, aún imaginando que ese olor no provenía de los peces.
Asustados, bajaron al embarcadero y amarraron el barco. Varias salpicaduras de sangre ya seca rociaban el suelo empedrado, el udular del viento traía el eco de calles vacías. Casi todas las casas de la zona del puerto tenían o la puerta o alguna ventana abierta, paecía que hubiesen sido asaltadas una por una. El cielo parecía a punto de llover, así que se apresuraron.
Guiados por el hedor "especial" de una pequeña chabola del barrio pobre, descubrieron el cadaver de tres niños y un adulto despedazados brutalmente en su interior.
-¡Vamos, no hay nada que ver! ¡Vayámonos de aquí!- Gritó Eiszelt considerablemnte austado.

Gâruthang y Lothork obedecieron y fueron corriendo hacia su pequeño barco. Al llegar de nuevo al embarcadero vieron como su transporte desaparecia entre el montón de barcos ya desamarrados.
-¡Encima van y nos roban la barca esa! ¡Mierda, mierda, mie...!-

Eissel vió como ua criatura se les hechaba encima desde el edificio de al lado, y por instinto lanzó un cuchillo contra su cuello desprotegido, que emanó un buen chorro de sangre y cayó al suelo pesadamente. El humanoide emanó unos chillidos de muerte y se agachó, aparentemente muerto. Los tres Saetas Negras cargaron sus arcos y apuntaron a la criatura; sus anchas piernas y torso musculoso, sus fuertes brazos, su cara un tanto alargada, su piel de un tono ligeramente verde y blanquecina... la verdad es que era repugnante.
Cuando la bestia se abalanzó enfurismada contra ellos propulsandose con sus patas traseras, los tres dispararon, una flecha le impactó en el cuello, otra en el vientre, y la última en el brazo derecho, que lo tenía en posición de golpear, Gâruthang se apartó de su embestida y la criatura fue a parar al otro lado de su formación, sangrando. Lothork y Eiszelt volvieron a cargar su arco largo de tejo, mientras Gâruthang lanzaba el arco y desenvainaba su katana larga.
-¡A la mierda con ééél!- Y se abalanzó sobre el humanoide.

Las dos saetas le dieron de lleno en el pecho mientras la katana bloqueaba un zarpazo y le degollaba.
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Notapor Cirhian » Jue Ene 03, 2008 2:10 pm

Esos Teuf inmundos...

Altanïr desenvainó se espada larga de dos filos. La antigua sonrisa de amabilidad se había transformado en una mueca salvage.
Echó un largo vistazo a la "banda". Matones a sueldo, algún mercenario, pinchos, botellas, cuchillos, porras... Casi sería más peligrosa una turba desarmada de campesinos.
Aunque alguien le llamó la atención. En el centro y en primera fila había un tipejo mucho más canijo que el resto, que era el que había hablado, evidentemente el líder.
Altanïr se sonrió. Por fin encontraba a alguien seguramente importante del clan Teuf. Si le "interrogaban", este les llevaría a los otros bandidos peblerinos...

Sacudió la cabeza alejando esos pensamientos de su mente. Debía centrarse en la inminente pelea.

-Vaya, vaya, que mierdas tenemos aquí. ¡Oh, pero si són ocho bastardos contra mi! ¿Que pasa, que no os atreveis con el "Sucio Bazu" sino es en massa? Ahora entiendo dónde está vuestra dignidad. La olvidaisteis junto a vuestro sonajero.

Los Teuf gritaron furiosos, pero no se acercaron. Era evidente que ver a un miembro de la Rama Cuchilla del Clan Bazu cargadito de armas no era muy tranquilizante.

Altanïr no se hacía ilusiones. A pesar de la evidente falta de instrucción y armamento, él no era un Tahedorán ni nada por el estilo. Algún pincho se acabaría clavando en su espalda.

Sonrió de nuevo y envainó la espada. Los Teuf le miraron desconcertados, lo mismo que el extranjero, el tal Lusio, del cual casi se había olvidado.
Corrió hacia la casa más próxima y, de un salto muy alto, se agarró al tejado. Se subió de un impulso y acabó de pie.

Se giró hacia los bandidos y se sacó un puñado de cuchillos arrojadizos, que guardó cada uno entre un dedo de la mano y otro.
En ese instante, sus compañeros Bazu aparecían cada uno por un lado, en los tejados.
Auseern y Manjeda sacaron sus cuchillos tambien, mientras que Aishenar sacaba su arco compuestísimo.

-Preparaos para morir, ¡cerdos!- les gritaron.

En ese mismo instante, un extraño suceso ocurrió entre los Teuf.
Uno de ellos, Vainker, escuchó una voz que sonaba muy suave, al prncipio, pero que después fue aumentando de volumen.
Vainker se tapó las orejas, intentando acallar la voz, pero no podía ser acallada de esa forma, pues sonaba en su mente. A esa voz se le sumaron otras tres, que gritaban de forma insoportable:
Te está engañando...
Tyhn se tira a tu mujer...
Tu hija se prostituye...
Nunca conseguirás un ascenso...
Morirás siendo soldado raso...
Tu jefe te echará por robar dos radiales a tu ofcial
Tu hija se prostituye, pero no con humanos...

Vainker empezó a gritar suplicando que parase. Sus compañeros le miraron desconcertados, pero en ese momento ellos tambien lo oyeron. El mensaje era diferente para cada uno, pero tenía algo en común. Siempre mencionaba los secretos más oscuros, los más avergonzantes de cada uno. Algunos hombres, furiosos con lo que le decían las voces, se abalanzaron a pegarse con sus compañeros. Otros lloraban y suplicaran que se acabase.
Al final no quedaba nadie en pie. Se oyeron risas, pero esta vez eran reales.
Los Bazu se partían... de risa. Sus carcajadas sonaban por doquier.

-¡Mira que caer ante el ataque telepático básico!
Sonaron aun más carcajadas.
-¡Hasta mi hermano de siete años lo sabe hacer!
-Que penosos.

Lusio les miraba medio sorprendido medio asustado, incapaz de comprender que les había sucedido y por que no le pasaba también a él.

-Y ahora... -dijo Altanïr- toca rematar la tarea.
Los cuatro se pusieron serios al instante y recogieron las armas de donde se les habían caído de la risa.

Justo entonces sonó el ruido de un par de pies corriendo. Todos los que quedaban en pie se giraron para ver que se acercaba, y algunos de los que estaban por el suelo se levantaron masajeandose las sienes.

No vieron nada. Se oyeron gruñidos que parecían venir de todas partes. El arrastrar de unas garras se escuchó justo encima de las cabezas de los Bazu. De una casa particularmente alta saltó... algo. En ese mismo instante, el sol salió de una nube cubriendo ese algo y cegando a Altanïr, que al tener los ojos claros la luz le afectaba más.

Ese "algo" siguió cayendo, justo encima de Altanïr, que cegado no vio nada.
Ahora el resto de personas pudieron verlo. Era del tamaño de un humano, aunque algo más alto. Su piel era entre azul y verde, recubierta de finas escamas, sus brazos gruesos y largos, las patas traseras más cortas y todas acabadas en garras. Su cara recordaba a un humano, exceptuando que era mucho más alargada, recubierta de escamas y finalizada en una cresta. Un bicho muy raro.

Altanïr lo vió demasiado tarde. El bicho cayó sobre él, aplastándolo y golpeándolo contra el techo de tejas de la casa, y cayendose de este después en un impacto fuerte contra el suelo.
No sentía las piernas, aunque eso se podía deber a que el reptil estaba encima de ellas. Lo que si sentía (y mucho) era un gran dolor en el brazo derecho, colocado en una postura antinatural.
Aún medio cegado por el sol y a medias por el dolor, lo ultimo que vió antes de que todo se volviera oscuro fueron unas enromes fauces de varias hileras de dientes afilados dirigiéndose hacia su cuello...
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Cirhian
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Notapor Dolmatus » Jue Ene 03, 2008 3:51 pm

... Justo estaba terminando de liarse el cigarro cuando empezo la pelea. Al principio solo pudo oir una sarta de maldiciones de uno de los grupos (no sabia cuantos correspondian a cada, pero el que maldecia tenia una superioridad numerica). Justo despues empezó todo lo extraño

Al principio notó lo que se le antojó una pequeña corriente de aire que luego se transformó en una serie de ondas que le hicieron estremecer. Aunque interiormente estaba sereno, esperaba que de un momento a otro la casa se desplomase. Si se hubiera parado a mirar las paredes, hubiera visto que no se movian ni vibraban con las ondas.

Sin embargo, salío de la casa rapidamente mientras oia al otro grupo reirse a carcajadas. justo cuando doblaba la esquina y podia ver a todos los contendientes (algunos de rodillas en el suelo , otros 5 de pie... uno de ellos "el que no tendria nada que ver"), le llegó un olor asqueroso a bestia.

Lo siguiente que vio fue un... algo con forma humanoide que saltaba de un tejado sobre uno de los tipos que estaba riendose, derribandolo.

... Eran demasiadas emociones en un solo dia ... Karlat cerró los ojos y empezó a caerse hacia atrás desmayado.

"Dejame a mi..." oyó en su cabeza.

Subitamente, el cuerpo frenó la caida bruscamente , como si estuviese suspendido de unos hilos, se enderezó y abrio los ojos, que estaba envueltos en un aura azul electrica. Karlat empezó a verlo todo como en un sueño. Sus mano derecha empezó a cubrirse con ese aura azulada chisporroteante hasta desaparecer en una bola azul electrica.

El "algo" ("Fiohiort" ... se dijo a si mismo , aunque no sabia ni como sabia el nombre de la criatura) Estaba a punto de morderle en el cuello al tipo aquel cuando un zarcillo de luz azul grueso como un sarmiento de vid salió disparado contra la criatura mientras unos pies que el no controlaba se empezaron a acercar al grupo. Habia quedado unido a la criatura por ese arco voltaico.

"Para imbecil, harás que me maten!... te digo que pares!" pensó.

Justo cuando estaba a cinco pasos escasos de la criatura, el aura desaparecio. Con ella , una sacudida recorrió su cuerpo y esta vez si que se desmayó, cayendo de bruces cuan largo era sobre el maltrecho pavimento de la ciudad.

Lo ultimo que alcanzó a ver fue el cuerpo de la criatura, aturdido y humeante, y al tipo que iba a matar... esperaba que al menos muriese rapidamente y no le hicieran sufrir, aunque, tras un dia tan movido ¿que carajo importaba?.
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